La danza

Qué hermosa es la danza. Qué bonito el cuerpo humano en movimiento. Y más si son movimientos delicados, estilizados, etéreos y de ensueño como los de la gran diva del ballet, Maya Plisetskaya, o los de la estrella de la danza clásica española, Tamara Rojo.
Estas dos "pedazo" de bailarinas han conseguido el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, y ya era hora, de que a la danza nos tocara algo.
Cuando yo empecé a bailar, lo hice por obligación. Es más, la única opción que tomé por mi misma en lo que a mi carrera de bailarina se refiere, fue la de colgar mis zapatillas de puntas.
Pero es que el baile, ante todo, ha de ser vocacional. Mucho esfuerzo, sangre, sudor y lágrimas son los pilares de un mundo donde sólo los mejores triunfan. Donde la fama no da el dinero.
Y cuando uno se da cuenta de que éstas son las máximas de la danza, todas las ilusiones de ser alguien en esa profesión se desvanecen.
Pero bueno, a mi siempre me quedarán los bailes en la discoteca, los bailes en las fiestas del pueblo, esos bailes nocturnos en posición horizontal y los bailes en el salón de mi casa con la música a todo trapo.
Ya se sabe, el que no se consuela es porque no quiere.


