Navidad, navidad, dulce navidad...
Bueno, parecía que nunca iba a llegar, pero ya estamos en Navidad. Ya pasó el trago de la Nochebuena en casa familiar, la cena extremadamente copiosa, los absurdos villancicos precedidos por la excesiva ingesta de alcohol y las demás pamplinas navideñas.
Todo esto no quiere decir que no me guste la navidad y mucho menos que anoche no fuera una Nochebuena mágica, llena de encanto y con un Papa Noel más generoso de lo que me imaginaba.
Lo que en verdad me molesta es el bombo que se le da a una noche como la de ayer. Es una cena más, con la gente de siempre y haciendo las mismas cosas que todos los años. Porque espero que nadie reconozca que mientras se zampaba el pavo, cordero o lo que dios quiera que cada uno cenara, alguno de vosotros se acordaba de que 2004 años atrás nacía en Jerusalem una pequeña criatura en un sucio establo. ¿O si?
Todo esto no quiere decir que no me guste la navidad y mucho menos que anoche no fuera una Nochebuena mágica, llena de encanto y con un Papa Noel más generoso de lo que me imaginaba.
Lo que en verdad me molesta es el bombo que se le da a una noche como la de ayer. Es una cena más, con la gente de siempre y haciendo las mismas cosas que todos los años. Porque espero que nadie reconozca que mientras se zampaba el pavo, cordero o lo que dios quiera que cada uno cenara, alguno de vosotros se acordaba de que 2004 años atrás nacía en Jerusalem una pequeña criatura en un sucio establo. ¿O si?

